El descanso y recreo, una tradición implantada durante el conflicto coreano, se había convertido en una bonificación del servicio militar norteamericano y en un necesario acicate para la moral de la tropa. Posteriormente incluso se utilizó como cebo para conseguir prisioneros de guerra. El número tan pequeño de prisioneros del VC/EVN capturados vivos era motivo de preocupación a todos los niveles en la estructura del cuartel general. Enfermos de ver a sus compañeros reventados y mutilados por un enemigo invisible y muy amigo de las trampas explosivas, los soldados solían matar a cualquier enemigo que cogían vivo. Aquellas fuentes de información potenciales eran arrojadas a las acequias inundadas por los monzones o al vacío desde las puertas traseras de los helicópteros. Las divisiones empezaron a enviar órdenes a los batallones de que debían comenzar a traer enemigos vivos, los batallones reaccionaron ofreciendo a compañías enteras la recompensa de un R&R en el país si aumentaban el número de prisioneros de guerra.
China Beach, en Da Nang, era un enclave de la infantería de Marina que iba desde las grutas budistas de la montaña de Mármol, que Charlie tenía más o menos controlada, hasta la montaña del Mono, coronada por un radar y que dominaba la propia bahía de Da Nang. Las instalaciones de la infantería de Marina habían desbordado a la gigantesca base de la Fuerza Aérea, por lo que los "Seabees" (abejas marinas) construyeron un complejo de pistas de aterrizaje y plataformas para helicópteros justo en la costa, al este de la ciudad de Da Nang. Sin embargo el VC siguió disparando sobre las instalaciones desde sus inviolables grutas.
La playa en sí era un idílico trozo de paraíso, sólo que la guerra andaba por allí cerca. Eran cinco "klicks" (kilómetros) de arena blanca a cuyas espaldas había suaves dunas moteadas de pinos y palmeras. Antes de que los infantes de marina llegasen en masa, los periodistas que se alojaban en la ciudad solían desplazarse diariamente en jeep al lado meridional, junto a una pequeña aldea de pescadores. Allí, en la Pink House, se podía disfrutar de pescado fresco y frituras, cerveza y bebidas no alcohólicas sólo por unas pocas piastras. Aquel garito tenía servicio de masaje, baños de vapor y de crema en un par de estancias traseras. Las tropas del ARVN iban a los pinares de las dunas.
Para los periodistas, era un lugar limpio donde adquirir un buen bronceado después de haber cubierto una operación en la selva, aunque los militares lo consideraban inseguro, y por ello fuera de los límites. Sin embargo, cuando los buceadores del VC consiguieron volar el viejo puente francés del río Da Nang, aislando la montaña del Mono, los infantes de marina lo reconstruyeron y colocaron un destacamento para vigilarlo. China Beach no era segura, la Pink House prosperaba y cada vez proliferaba más el negocio de la carne entre los pinares. Secciones enteras paseaban por la arena en busca de diversión, mientras la cerveza gratis corría por sus gargantas. Otros, demasiado cansados para buscar, se tumbaban en la orilla de la playa.
De la arena floreció un entramado de sombrillas y mobiliario de playa. Era como una Santa Mónica o Coney Island, pero sin los muelles. Los Sea Stallion y los Huey pasaban con su ruido sordo a pocos metros de las olas de camino a rearmarse y repostar en las pistas anexas al paseo marítimo. Era como sentarse en una tribuna a contemplar a la Jóven América.
Como parte de la ayuda humanitaria, la Cruz Roja alemana había enviado al puerto de Da Nang un barco hospital para ayudar a las victimas. Aquellas rollizas enfermeras "vikingas" estaban tan reprimidas como los infantes de marina. Su llegada a China Beach provocaba un espectáculo que quienes mejor disfrutaban eran los vigilantes en sus torres, que en vano tocaban sus silbatos cuando aquellos enormes artilleros negros y pelotones enteros abordaban aquella complaciente carne blanca bajo olas de un metro de altura. El agua salada realmente calmaba el prurito de la jungla, reciclando las impurezas de la carne y la sangre. El principal peligro era el alto índice de bajas que tenían que ir al médico para tratarse un acceso de gonorrea.
En el campamento de R&R de los australianos, situado entre Long Hai y Vung Tau, surgió otro problema cuando el pene de un soldado quedó limpiamente rebanado por una navaja montada en un corcho introducido, a su vez, en la vagina de una muchacha. Sin embargo, nadie llegó a conocer ni al hombre ni a la mujer en cuestión, y puede que todo ese asunto fuese otra de esas historias bélicas contadas por borrachos.
Los militares, tanto australianos como vietnamitas, tenían sus instalaciones en le lado del Pacífico de la península. La langosta de San Jacinto era una especialidad indochina y los restaurantes, además de los chiringuitos de las playas, servían los más suculentos manjares. Una clientela más refinada, incluida la alta sociedad de Saigón, frecuentaba el lugar en masa. Los norteamericanos, desilusionados de la ciudad, se quedaban en la playa. El 1er. Regimiento Real Australiano estaba basado a diez Klicks, en Nui Dat, con su logística centrada en el aeródromo. Su parte de la playa caía debajo de la senda de vuelo y una lancha patrullaba en busca de tiburones. Cada soldado australiano recibía una lata de cerveza por cada día pasado en campaña y las secciones re turnaban con regularidad para ir al limpio Pacífico y tumbarse en la arena caliente. Bajo la apariencia de garajes de lavado y cafeterías, florecieron prostíbulos, salas de masaje y barras ilegales al otro lado de las puertas de la base.
Laca, medias y Licor
Tres días lejos de las tensiones del combate se consideraban suficientes para limpiar los corazones y mentes del soldado medio. Un enorme ejército logístico suministraba todo el material de aseo personal a las tropas de retaguardia, objetos que los "pisahormigas" en el frente rara vez veían. Cuando llegaban de campaña, los hombres, provistos de su MPC (dinero de monopolio utilizado sólo en los puestos norteamericanos), caían primero sobre los PX (economatos) y después sobre los bares y playas. Las vietnamitas enloquecían por cambiar sus servicios por laca medias radiocassetes y licores. En el mercado negro, el MPC se cambiaba con un déficit del 40% respecto al dólar real.
En la costa de Nha Trang era donde los franceses habían elegido construir sus villas, a lo largo de la bahía de la costa tropical. Nha Trang era el centro de las Fuerzas Especiales y de los servicios de información militar. A veces, algún agente doble de poca utilidad "caía por accidente" a la bahía donde el Servicio de Voluntarios de Ultramar (VSO) proporcionaba facilidades para practicar submarinismo a la tropa y a la oficialidad. Las carreteras que salían de la ciudad en dirección a las bases avanzadas estaban repletas de casas de intercambio. Nha Trang nunca había sido tan caro como entonces.