Relatos de la guerra de Vietnam

Unidades de Rescate

Cuando un piloto norteamericano era derribado se lanzaba una misión para rescatarle. Las piezas clave de una operación de este tipo solía ser el arrojo de los tripulantes de los helicópteros de salvamento y el apoyo directo que proporcionaban los A-1 Skyrider

El 20 de abril de 1972, un misil SAM nordvietnamita explosiono en el aire a pocos metros del RF-4F Phantom del comandante Ed Elias. La violenta explosión retorció el metal, dañó el sistema hidráulico e inutilizó el sistema eléctrico del Phantom. No podía volver a casa. "Eyección, eyección" gritó Elias a su navegante, el capitán Ernest (Woody) Clark.

Tras descender dejando tras de si una mortal estela de combustible en ignición, de color rojo anaranjado, el Phantom chocó contra la ladera de una colina y explosionó. Dos paracaídas se abrieron sobre los arrozales nordvietnamitas mientras Elias y Clark descendían colgados de ellos sobre un poblado sector de la patria de Ho Chi Minh. Las tropas del EVN se desplegaron bajo los dos hombres. Elias aterrizó en medio de docenas de soldados y fue hecho prisionero inmediatamente.

Clark tuvo más suerte. Cayó entre la densa maleza de la selva a cierta distancia de las tropas enemigas. Su "Blepeer" -una pequeña radio manual de supervivencia - estaba funcionando y pudo hablar con los compañeros de los aviones que volaban sobre él.

Una vez más, como sucedió tan a menudo durante la guerra aérea, un hombre había sido abatido y estaba en apuros. Una regla básica era que, cuando uno de nuestros muchachos estaba atrapado en territorio enemigo, se hacían todos los esfuerzos posibles para sacarlo de allí, sin importar lo que costase. El elaborado mecanismo de rescate en combate se puso en movimiento.

El intento de rescatar a un aviador atrapado en Vietnam del Norte podía reunir cientos de hombres y aparatos. Para un rescate con éxito, podía hacer falta aviones F-105 Wild Weasel para combatir los SAM, Phantom para cubrir el vuelo, cisternas KC-135 para proporcionar combustible a todos los que estaban en la zona de rescate, OV-10 Bronco para dirigir los esfuerzos de rescate de noche, A-1 Skyrider para suministrar apoyo directo al aviador caido y helicópteros HH-3E Jolly Green Giant u HH-53C Super Jolly para efectuar el rescate en sí: un asunto muy coplicado.

Para ilustrar la importancia concedida a las misiones de rescate en un intento de rescate fueron derribados tres helicópteros por el fuego de tierra, un OV-10 Bronco fue destruido por un impacto directo de un SAM, siete aviadores murieron, otro fue capturado y otro fue recatado después de diez días en tierra: todo por salvar a un solo hombre. Pero nadie consideraba que esto fuese inútil. Todos los aviadores que volaban contra la fuertemente defendida Vietnam del Norte tenían la completa seguridad de que, si tenían mala suerte, se pondría en marcha un intento de rescate.

Quizás, los hombres más importantes en toda esta elaborada operación eran los especialistas voluntarios de rescate - también llamados ParaJumper o PJ - que iban a bordo de helicópteros. Estos hombres estaban entrenados en paracaidismo, trabajos de rescate en helicóptero, medicina y supervivencia bajo las más extremas condiciones. Incluso tenían un uniforme distinto, con una boina marrón y pantalón bombachos con botas de combate. En Vietnam algunos PJ se hicieron legendarios.

El sargento Chuck Morrow pasó dos periodos de servicio completos en el sudeste asiático y fue condecorado con tres Estrellas de Plata, cinco Cruces de Vuelo Distinguidas y numerosas Medallas del Aire. Todas sus misiones de rescate eran en combate en Vietnam del Norte.

Estrellarse encima del H-34
El aviador de primera clase Duane D. Hackney, un PJ del 37º Escuadrón de Rescate y Recuperación Aeroespacial, apareció en numerosos informes y se labró un magnifico historial de combate. Durante una misión, Hackney buscaba a un piloto derribado en la maleza de una jungla nordvietnamita. Encontró al piloto herido, lo ató a una camilla Stokes y ambos fueron izados por la cabria del helicóptero. Sin embargo, fueron localizados por tropas nordvietnamitas, que abrieron fuego inmediatamente. Mientras el piloto hacía subir el HH-3E, un tirador enemigo dio en el blanco y el Jolly Green empezó a arder. Hackney puso rápidamente un paracaídas al herido y él se colocó otro. De pronto el helicóptero explosionó y Hackney salió despedido abriéndose su paracaídas justo encima de los árboles. El segundo HH-3E (el pájaro alto) se lanzó hacia el lugar en busca de supervivientes. Sólo encontró a Hackney, aturdido pero sin heridas graves.

Un mes después, el 13 de marzo de 1967, Hackney era uno de los dos PJ a bordo de un HH-3E Jolly Green que volaba justo al sur de la ZDM, sobre territorio controlado por el enemigo. Un Huey de la Infantería de Marina había caido y sus supervivientes informaron que el EVN se acercaba al lugar. La tripulación de un segundo helicóptero de los Marines oyó la transmisión y dirigió su H-46 hacia sus sitiados compañeros. El Jolly Green de Hackney llegó a tiempo de ver como el H-46 era alcanzado y caía estrellándose justo encima del primer helicóptero derribado.

En el suelo, los Marine agruparon a sus heridos y prepararon sus defensas contra un enemigo que se acercaba por todos lados. Sobre ellos, en la puerta del HH-3E, Duane Hackney observaba como llegaban los A-1 Skyrider para batir al EVN. Cuando los Skyrider hubieron tendido una cortina de humo, el piloto dirigió cautelosamente el Jolly Hunter sobre los Marine, enfrascados en el combate. Tan pronto como el helicóptero quedó detenido en el aire, Hackney estaba ya sobre la camilla Stokes, descendiendo hacia el suelo. Cargó en ella a tantos heridos como pudo y subió con ellos.

En el momento que Hackney y el último Marine herido entraron por la puerta, la luz de alarma del piloto empezó a parpadear. Mientras las balas se estrellaban en el fuselaje, el piloto hizo ascender al helicóptero y puso rumbo a Da Nang. Entretanto Hackney atendía a los heridos en la parte trasera. De pronto, cayó al suelo. Una bala enemiga había rozado su casco, derribándolo. No obstante, pronto recuperó el conocimiento y siguió recomponiendo huesos, atendiendo heridas de cabeza y aplicando torniquetes. Hackney recibió la Cruz de la Fuerza Aérea por su comportamiento aquel día, otra condecoración para su colección. Descrito por un compañero PJ como "modesto, timido y con cara de niño", Hackney fue arrestado por la Policía de la Fuerza Aérea cuando volvió a Estados Unidos, hasta que una llamada de teléfono verificó que realmente estaba autorizado a llevar tal enorme cantidad de medallas.

Si los PJ como Morrow eran cruciales para éxito del rescate en combate, también lo eran los demás que iban a bordo del helicóptero. Un HH-53C Super Jolly Green llevaba un piloto que siempre estaba al mando y era responsable del papel del helicóptero en una misión, y un copiloto que proporcionaba una segundo par de ojos y oídos, además de una mano extra en el mando de gases. De los tres PJ a bordo uno servía las Minigun de seis tubos Gau-2 A/B de 7,62 mm.

Pero un helicóptero, incluso con una tripulación altamente adiestrada a bordo, no servía de mucho si no podía llegar hasta el superviviente en tierra. Para preparar la zona de extracción y mantener a las tropas enemigas a raya, la Fuerza Aérea empezó a utilizar los A-1 Skyrider, más conocidos por su indicativo de radio Sandy.

El Sandy se remontaba a 1945, era una vieja maquina ruidosa que expulsaba mucho humo y aceite. Un piloto llegó a quejarse de que si el enemigo no lo mataba, probablemente moriría al patinar en alguno de los numerosos charcos de aceite que poblaban la pista de Da Nang.

Puede que fueran viejos, pero los A-1 eran robustos, duros y podían aguantar en el aire largos periodos cuando el rescate lo exigía.

Por encima de todo, el Sandy podía llevar una abrumadora carga de armas. Durante una misión típica. Un A-1 llevaba un depósito de combustible ventral, una Minigun de 7,62 mm en un soporte subalar y un depósito de combustible adicional en el otro. Llevaba también contenedores con cohetes FFAR de 70 mm y seis bombas Willy Pete (de fósforo blanco) de 45 Kg para tender una cortina de humo que escudase la senda de aproximación del helicóptero de rescate.

El Sandy era la clave del éxito cuando había un hombre abajo. En el derribo del RF-4 Phantom, el superviviente Woody Clark estaba en contacto con los Sandy, pero se le dijo que no era posible una misión de rescate inmediata. Empezaba a oscurecer y las fuerzas de socorro tendrían que esperar hasta el día siguiente antes de intentar arrebatar a Clark de las garras nordvietnamitas. El superviviente pasó la noche tumbado en una zanja.

A la mañana siguiente, los Sandy y los F-4 Phantom llegaron a la zona pero no pudieron establecer contacto inmediatamente con Clark. Uno de los pilotos del 14º Escuadrón de Reconocimiento Tático de Udorn, el capitán Donald S. Pickard peinó colinas y valles intentando sin éxito conseguir una señal D/F (goniométrica) del Blepeer. No fue hasta el segundo día que pudieron confirmar que Clark seguía vivo y libre. Pickard diseñó entonces un plan para lanzar medicinas, alimentos y otros suministros vitales para Clark, dentro del depósito de combustible ventral de un Phantom.

Sin embargo la oscuridad impidió, una vez más, un intento de rescate.

Al tercer día, Woody Clark, tenía muchísimo en lo que pensar.

Las fuerzas nordvietnamitas que había alrededor suyo eran demasiado numerosas como para que un par de HH-53C intentasen un rescate.

Están jodidamente cerca
Cuando, al cuarto día, un helicóptero HH-53C se deslizó entre la baja y densa niebla y llegó hasta Clark, los PJ estaban decididos. Uno hizo fuego de supresión con una Minigun de 7,62 mm mientras el otro ayudaba al piloto a buscar el Blepeer de Clark.

"Los malos están jodidamente cerca de él", hizo notar el piloto. "Eso es lo que lo hace interesante", comentó uno de los PJ.

Clark, probablemente ya había desesperado incluso de salir de Vietnam del Norte, por lo que la aparición de aquel HH-53C camuflado por encima de él debió constituir una imagen bellísima.

Un PJ descendió con la cabria de rescate, agarró a Clark y subió con él hasta el helicó

ptero. Aunque hambriento, Clark estaba en buen estado… y asombrado, pues mientras subía hasta el helicóptero pudo ver soldados del Ejército nordvietnamita a sólo unos cientos de metros de dónde había estado escondido. Pero ahora el peligro había pasado. Gracias al esfuerzo (exagerado en innecesario para algunos críticos) de hombres y máquinas, el capitán Clark estaba de vuelta con los suyos. Por los pelos, pero de vuelta.