Relatos de la guerra de Vietnam

Grupo de Operaciones Especiales

El reconocimiento en profundidad y la eliminación selectiva de mandos enemigos formaban parte de las tareas habituales del SOG. Sus hombres se internaban en "Territorio Indio" dispuestos a sufrir, sabiendo que era preferible la muerte a ser capturado por el Vietcong.

Mi envío a Vietnam fue precedido de una rigurosa preparación. Antes de recibir el billete para la excursión al otro lado del Pacífico, superé lo mejor que pude los dos años y medio de entrenamiento. Desde la escuela de Instrucción Básica y Avanzada de Fort Jackson, en Carolina del Sur, pasando por la Academia de Suboficiales, la escuela de salto y la Escuela de Ranger de Fort Benning, llegué con gran esfuerzo hasta la Escuela de Guerra Especial JFK en Fort Braga. Allí me especialicé en guerra de guerrillas, empleo de armas portátiles y contrainformación.

Finalmente llegué a Vietnam en noviembre de 1971. Allí fui enviado a Da Nang donde me destinaron a la compañía G de Ranger para mi entrenamiento preeliminar en el país en misiones de reconocimiento. Después se pasaba al Grupo de Operaciones Especiales ( S.O.G = Special Operations Group) CCN (Mando y Control del Norte) del MACV, que abarcaba todas la operaciones clandestinas en el I Cuerpo, el área septentrional de Laos y Vietnam del Norte.

La mayoría de nuestras misiones externas eran reconocimientos rápidos dentro y fuera de Vietnam del Sur para localizar concentraciones enemigas y montar los pertinentes ataques aéreos o incursiones "Arc Light" de los B-52. También estábamos encargados del asesinato selectivo de oficiales y personalidades del VC o el EVN. Esto lo heredamos de la conclusión del programa "Phoenix" de la CIA. La Agencia aún disponía de buenos agentes en los gobiernos locales nordvietnamitas, además de en las aldeas de Laos y Vietnam del Sur. Si los chicos de la Agencia, por ejemplo, informaban que un par de coroneles del EVN venían a la frontera para una sesión de planificación o una inspección, nosotros íbamos e intentábamos dar cuenta de ellos.

Preparados para sufrir
Aunque participé en dos operaciones en la zona de Pico del Loro, en Camboya, además de unas pocas en Vietnam del Norte, la mayoría de mis misiones externas fueron el Laos. Mi incursión más profunda de 20 Km en Laos para una misión de asesinato acabó en un autentico follón. Tuvimos un fuerte contacto con el enemigo e intentábamos largarnos de allí cuando me detuve para cubrir a mis compañeros y me sorprendió uno del EVN. El nordvietnamita me dejó sin sentido de un culatazo con su AK-47. Me dejó tumbado, pero debió creer que estaba muerto, pues me abandonó allí. De no ser por uno de nuestros nung que vino a por mi, probablemente todavía estaría allí.

Empleábamos mucho a los nung. Eran increíblemente leales y se podía confiar en ellos.

No mucho antes de la fiesta del Tet Vietnamita en 1971, nos llegó información de que fuerzas locales del VC y del EVN se estaban concentrando a menos de 10 km dentro de Laos. Se encargó mi grupo - el equipo de reconocimiento "Python" - ir allí y comprobar los datos. La tarde antes recibimos instrucciones de uno de la Agencia. Nos dijo que había una clara acumulación de fuerzas pero nadie sabía por qué. Nuestro trabajo consistía en determinar si el EVN estaba allí para abastecer al Vietcong o para ayudarle en sus operaciones. Al igual que en la mayoría de las misiones de este tipo, se puso mucho énfasis en que era estrictamente un reconocimiento y que en ningún caso debíamos trabar combate con el enemigo.

Tras recibir las instrucciones cogimos nuestro equipo personal y pasamos a la operación en sí. Aunque haríamos todo lo posible para evitar un contacto, íbamos preparados para sufrir. Mis armas individuales incluían un subfusil sueco K, una escopeta de cañones recortados calibre 12 metida en lo alto de mi mochila, con 24 cartuchos de perdigones 00 y diez de dardos, una pistola Browning Hihg Power y mi cuchillo de combate Gerber. También llevaba dos Claymore, medio kilogramo de explosivo plástico C4, seis granadas defensivas y dos ofensivas, dos de fósforo blanco y dos fumígenas, además de unas cuantas cantimploras.

Con la suavidad de un guante
Todos llevábamos nuestro equipo de primeros auxilios más siete paquetes de raciones secas LURP - a uno por día - y debajo de las mochilas llevábamos cuerdas para la extracción. Todo esto pesaba unos 55 Kg. Y por entonces yo sólo pesaba 67 Kg.

Cada equipo se dividía básicamente en dos grupos. Si nuestra misión se veía comprometida por un contacto, o era descubierta, la mitad se dirigiría al punto de extracción mientras la otra mitad intentaría desaparecer y continuar con la misión. Era una táctica que funcionaba bastante bien a veces.

Subimos a nuestros helicópteros y partimos a las 03:30 de la mañana siguiente; volamos hacía nuestra Base Avanzada de Operaciones (FOB) cerca del río Cua Viet, al noroeste de Khe Sanh. Había cuatro helicópteros y dos cañoneros bien armados. Otro equipo de helicópteros de transporte y cañoneros despegó antes de que llegásemos a la frontera y se dirigió hasta otra posición a pocos kilómetros al otro lado de donde, según el informe, estaba la fuerza del Vietcong y el EVN. Sin que fuese demasiado descarado, intentaron ser avistados. La idea era que fuesen nuestro señuelo y atrajesen cualquier indeseada atención lejos de nosotros.

La inserción fue suave como un guante. Estábamos en el terreno y montamos un perímetro antes de que los helicópteros hubiesen desaparecido. Pasaron al menos 30 minutos antes de que saliese el sol y, tan pronto como los helicópteros se hubiesen marchado y nosotros comprobamos que nadie estaba esperando, pasamos revista para ver si todos estábamos bien, comprobamos nuestros equipos y mapas y partimos.

Durante las cuatro o cinco horas siguientes, todo se desarrolló sin problemas. Yo iba en la retaguardia de mi mitad del grupo cuando llegamos a una vieja pista forestal francesa. La mitad delantera del grupo se adelantó en equipos de dos hombres hacia el otro lado de la pista, nada más hubieron cruzado, el mundo reventó ante nosotros.

Torturados por el Vietcong
Hicimos cuerpo a tierra y devolvimos el ataque con todo lo que teníamos. Por el volumen de fuego que nos llegaba supimos que habíamos dado con algo grande y que salir de allí no iba a ser cosa fácil.

Cuando se produjo la emboscada, todo nuestro entrenamiento y experiencia comenzaron a funcionar automáticamente. Mi mitad del grupo dirigió el máximo fuego de cobertura para que la otra mitad pudiera cruzar de nuevo la carretera de vuelta. En cuanto regresaron, atravesaron nuestra posición y empezaron a cubrirnos desde atrás. Entonces nos retiramos atravesando su posición y empezamos a cubrirles a ellos. De este modo, podíamos mantener al enemigo bajo fuego constante mientras aumentábamos la distancia entre nosotros y ellos.

El jefe del equipo llamaba ya por radio a nuestros grupo de apoyo para avisar que necesitábamos de inmediato apoyo aéreo y extracción. Por entonces teníamos ya dos nung muertos y otros dos heridos, junto con dos norteamericanos también heridos. Nos estábamos retirando a la mayor velocidad posible, abandonando nuestras mochilas y demás equipos no esenciales.

La mitad de retaguardia del grupo instalaría minas Claymore, colocando los cables a través del sendero. Cuando el enemigo hiciese explosionar una de ellas, nos lanzaríamos sobre él y empezaríamos a correr de nuevo.

Supongo que lo único que había en el fondo de nuestras mentes era la idea de la captura. Caer prisionero del EVN no era agradable, pero serlo del Vietcong era mucho peor, pues este tenía un tratamiento muy especial para cualquier miembro de un equipo S.O.G. Una vez hallamos a dos de los nuestros que habían sido capturados. Habían sido colgados de los tobillos, destripados y sus genitales arrancados e introducidos en sus bocas. No teníamos la menor intención de dejar que pusieran sus manos sobre nosotros.

Llegada en caliente
Pronto nuestro equipo de respaldo nos llamó para decir que no sólo estaban en camino los helicópteros de extracción, sino que tampoco había problemas con el apoyo aéreo: había ya dos F-4 en camino. Los llamamos utilizando nuestro indicativo "Dirty Trick". La voz del jefe de patrulla respondiendonos sonó como música celestial.

Seguíamos moviéndonos con la mayor rapidez posible, pues el enemigo nos pisaba los talones, llegamos a una zona abierta y tan pronto como estuvimos al otro extremo de ella, nos detuvimos y dirigimos todo el fuego que pudimos contra el otro lado. En aquel momento vimos a los dos Phantom.

El primero llegó rápido y bajo, lanzando toda su carga de dos Delta - bombas de 250 Kg - un poco al oeste de donde queríamos, unos diez segundos después, el segundo Phantom arrojó la mitad de su carga sobre el blanco. Antes de que aclarase el humo ya estábamos corriendo de nuevo por el bosque tan rápido como podíamos. Para entonces llevábamos más de dos horas combatiendo y corriendo. Nos dirigimos directamente a nuestro primer punto de extracción y lo dejamos atrás, esperando despistar así a los perseguidores mientras corríamos hacia el segundo.

En el segundo punto de extracción llegaron los helicópteros y los nuestros se lanzaron a bordo antes de que los patines tocasen el suelo. Un intenso fuego llegaba de la línea de árboles a nuestra izquierda y uno de los helicópteros fue alcanzado; el piloto y el jefe de tripulación murieron. Alguno de nosotros llegamos al Huey -que ya empezaba a arder- y sacamos al copiloto y al artillero de puerta mientras los cuatro cañoneros destinados a la extracción abrían fuego sobre la línea de árboles.

Fui el último hombre en el último helicóptero y grité: "Venga, vámonos ya!" mientras me lanzaba a través de la puerta. Mientras el piloto nos sacaba de allí, pudimos oír y sentir los proyectiles que atravesaban el fuselaje y la cola. El piloto mantuvo baja la proa, con los patines rozando las ramas de los árboles, hasta que estuvimos fuera de alcance. Sólo entonces pudimos contar nuestras pérdidas. Increíblemente no habíamos tenido más heridos.

Los servicios de información supieron posteriormente, que en lugar de ser insertados a ocho o diez kilómetros de la presunta concentración del Vietcong y el EVN, según lo planeado, en realidad habíamos aterrizado a un kilómetros y medio de los batallones reforzados del EVN.

Lo único que nos salvó fue la experiencia, nuestros redaños y mucha suerte.

Rod Macon sirvió tres años en el Grupo de Operaciones Especiales del MAC y fue herido tres veces.