En 1968, me encontraba de regreso en Saigón. Ya hacía dos años que estaba en la ciudad después de haber estado trabajando en las provincias. Había sido administrador civil para el gobierno de Saigón, primero en Ben Tre y posteriormente en Bien Hoa. Eran los últimos días de enero y nos preparábamos para celebrar el Tet, el Año Nuevo vietnamita. La guerra parecía muy lejana. Todo el mundo estaba cansado de ella y casi todos los soldados estaban de permiso.
El Tet llega en el momento más agradable del año, durante nuestro invierno, lo que significa que el clima es fresco y bonancible. El Tet es una ocasión muy especial, como nuestra Navidad. Todo está cerrado, nadie va a trabajar, las familias se reúnen y todo el mundo se muestra muy generoso. En todas partes se respiraba un aire vacacional. En lo único que pensábamos era en escapar de aquella espantosa guerra.
En esa época se habían producido rumores sobre golpes palaciegos urdidos por Ky, diputado del presidente Thieu, y sobre un posible golpe de estado. Pero todos los problemas son dejados de lado tradicionalmente durante el Jet; se abandonan las luchas y las habituales e interminables conspiraciones están ausentes de las conversaciones. Pero cuando comenzaron los combates, los rumores volvieron a aparecer inmediatamente.
Ocultas en ataúdes
Lo que nosotros ignorábamos era que, durante meses, el VC había estado infiltrando armas en la ciudad. Lo habían hecho en pequeñas cantidades; fusiles, ametralladoras, granadas, explosivos y municiones. Algunas armas habían sido introducidas en Saigón en el interior de ataúdes. Y los combatientes desarmados también habían llegado a la ciudad, llenando los hoteles. La gente viajaba de pueblo en pueblo para el Tet. De modo que nadie se extrañó de que los hoteles estuviesen llenos de gente llegada del campo.
Y en las primeras horas del 31 de enero, el VC atacó su primer objetivo, el palacio presidencial. Luego atacaron los demás edificios importantes, incluyendo la estación de radio. Robaron coches para trasladarse por la ciudad. Incluso atacaron la Embajada norteamericana esa misma mañana, justo antes de las 15.00 h.
Yo había estado jugando la póker con un grupo de amigos hasta las 02.00 h. de la mañana, ignorante de lo que estaba a punto de suceder. Incluso regresé en coche a mi casa pasando junto al edificio de la radio.
Sin previo aviso
Ataques similares se estaban produciendo en las primeras ciudades de todo el país. En Saigón, el VC Incluso se las ingenió para infiltrarse en el barrio chino de Cholon antes de que se produjera el contraataque de las fuerzas gubernamentales.
El edificio de seis plantas de la Embajada norteamericana, que se alzaba en la zona central de Saigón, había sido un recordatorio permanente de la presencia de los EE UU y un símbolo de su prestigio y poder. Los norteamericanos se sentían tan seguros este reducido territorio estadounidense a más de 16.000 kilómetros de sus hogares, que sólo había un puñado de Marines montando guardia.
No hubo aviso previo. Un escuadrón de zapadores integrado por 19 Vietcong logró superar el muro exterior y se preparó para irrumpir en el edilicio principal, armado con morteros y granadas.
Pero el VC sólo consiguió llegar hasta el recinto exterior antes de que sus jefes cayeran abatidos por los centinelas. Con sus comandantes muertos, los otros guerrilleros fueron obligados a ponerse a cubierto cuando llegaron los refuerzos norteamericanos. Hasta esa distancia habían conseguido llegar.
Un verdadero infierno
Pero a los Marines aún les llevó seis horas hacerse nuevamente con el control total del recinto. Una vez acabados los combates, el escenario era un verdadero infierno. El personal de la Embajada, cubierto de sangre, era atendido por los médicos. Los empleados habían cambiado sus plumas por armas. Había cadáveres esparcidos por todas partes, algunos de ellos norteamericanos, pero la mayoría pertenecientes al VC. Yacían apilados sobre la hierba tiñéndola de rojo con su sangre. Estaban caídos entre los tiestos de flores, debajo de las apacibles palmeras. Por todas partes había trozos de piedra y cemento y las antaño blancas y hermosas paredes de la embajada estaban ahora acribilladas a balazos. Se podía leer la conmoción en el rostro de los norteamericanos. Su paraíso de paz había sido violado. Durante los días siguientes, se ordenó a los soldados norteamericanos que permanecieran en sus cuarteles, pero cuando se ordenó intervenir, lo hicieron con sed de venganza.
Por primera vez, los norteamericanos armaron a las tropas gubernamentales con fusiles de asalto M16. Luego utilizaron toda su potencia de fuego para recuperar el terreno ocupado por el VC. Allí donde había concentraciones guerrilleras, los Marine simplemente arrasaban el lugar.
El VC había esperado que se produjera un levantamiento popular apoyando su acción. Pero no comprendieron que la gente les temía. Y tampoco esperaban que los norteamericanos simplemente arrasaran todo lo que encontraran a su paso justo en el centro de la ciudad. Era la primera vez que la gente veía helicópteros sobre los terrados de la ciudad, disparando cohetes contra las casas y los edificios. Si hubo algo que obró en contra del VC fueron los helicópteros armados con cohetes. Calles enteras fueron reducidas a escombros y gran cantidad de civiles murieron junto a los miembros del VC.
Pero no sólo fueron civiles los muertos bajo el fuego de los norteamericanos. Una escuela llena de soldados del gobierno fue atacada por error por los helicópteros y, aunque se produjo un verdadero escándalo, esas muertes no trajeron ninguna consecuencia. Se dijo que se estaba produciendo una matanza indiscriminada en toda la ciudad.
Ya no estaban seguros
Mientras los combates se recrudecían, fueron acordonadas zonas enteras de Saigón. Los norteamericanos no pensaron en enviar un jeep con un cañón sin retroceso para disparar contra las casas donde se habían hecho fuertes los soldados del VC. Comenzaban a disparar y volaban media calle.
Eran casas donde vivía la gente, pero lo único que quedaba después del ataque era un montón de ruinas humeantes.
Estas personas no tenían ningún lugar adonde ir. Improvisaban refugios temporales, construían pequeñas chabolas con cajas de embalar o se metían en enormes tuberías de desagüe subterráneas. De alguna manera, comenzó a crecer una especie de ciudad de chabolas, habitada por miles de víctimas inocentes que habían sido sorprendidas por los combates.
Durante el desarrollo de los combates, se impuso el toque de queda controlado por la Policía Militar. La gente permanecía oculta y alejada de la línea de fuego. La guerra había llegado a Saigón con toda su crudeza, a una ciudad donde la vida había sido relativamente pacífica. Antes, la guerra se había librado en el campo y, aunque todos conocían a alguien que estaba luchando, la vida en la capital había parecido segura.
Yo me encontraba en el distrito de Gia Dinh en aquel momento y había decidido regresar a Ben Tre justo antes de que se desatara el ataque. Pero mi acompañante cambió de idea en el último minuto y, por tanto, ambos nos quedamos en Saigón. Resultó ser una decisión acertada, porque Ben Tre fue duramente atacada y pasaron dos semanas antes de que alguien pudiera moverse de allí. El mercado resultó completamente destruido y hubo que construir uno nuevo.
La esperada deserción masiva de efectivos del Ejército no se produjo y la población civil se negó a tomar las calles apoyando la ofensiva. En cambio, el Ejército se reagrupó e inició el contraataque junto con los norteamericanos, ganando terreno gradualmente en los alrededores de Saigón y en otras ciudades. La potencia de fuego masiva aniquiló los aislados focos de resistencia, aunque con un terrible coste de vidas para ambos contendientes.
Listas de muertos y fosas comunes
En la antigua capital imperial de Hué, en el norte, cuando las fuerzas nacionalistas reconquistaron la ciudadela, encontraron fosas comunes llenas de partidarios del gobierno, asesinados por el VC. Tal vez fuesen personas incluidas en listas negras o quizás, se habían ajustado viejas cuentas. Pero en otras ciudades provinciales se había producido una destrucción similar, ya fuese por la acción de los norteamericanos para expulsar al VC o por este mismo. Según un portavoz norteamericano: "Fue necesario destruir la ciudad (Ben Tre) par salvarla".
Después de que se hizo evidente que las fuerzas nacionalistas habían ganado, se podía oler el júbilo en el aire. El Norte ya no conseguiría la victoria. El gobierno había luchado en lugar de arrojar las armas, y, nuevamente, los norteamericanos habían sido unos aliados poderosos. Su poderío militar había salvado la situación. El VC había atacado con todo lo que tenía y, aún así, habla sido derrotado.
Su fuerza estaba mermada, su armamento destruido, su organización en ruinas. Había sido una victoria militar para el gobierno y su principal aliado. Los sudvietnamitas se sentían orgullosos de su Ejército y la forma en que éste había superado la prueba de la batalla. Pero aunque el pueblo de Vietnam del Sur la consideraba una victoria, el pueblo norteamericano pensaba de un modo muy diferente. Habían visto cómo entraban las fuerzas enemigas en su Embajada y eso era algo que jamás olvidarían.